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La Coctelera

Categoría: De viaje por ...

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Historias de las vacaciones (Cap. zri y último)

Como ya os he contado en el capítulo anterior, el tiempo no nos acompañó en absoluto durante nuestra estancia en el camping, así que un día antes de lo previsto, nuestros amigos y nosotros decidimos levantar campamento. Ellos aún no habían visto el sol ni tenido la posibilidad de ir a la playa, cosa que nosotros ya habíamos disfrutado, por lo que decidimos separarnos, ellos se fueron hacia el sur y nosotros como las cabras, p'al monte.

Aprovechando la circunstancia de estar en Asturias decidimos recorrer algunos de los lugares que hacía ya varios años que no habíamos visto. Así que fijamos nuestro punto de destino en Cangas de Onís.

A nuestro paso por Ribadesella, nos encontramos con la celebración de la tradicional bajada del río Sella, sinceramente una actividad deportivo-festiva que queríamos ver algo de ella, pero parar fue totalmente imposible. Eso sí, qué enorme cantidad de coches, canoas, juventud  y tiendas de campaña las que nos encontramos por el camino, incluso creo que casi superaban a la cantidad de basura que vimos por las aceras, arcenes, campos, carreteras, etc. ¡Qué triste! Una gran cantidad de provisionales poblados los que hemos visto, hasta llegar al lugar de salida de tan peculiar competición, Arriondas. Finalmente decidimos continuar hasta nuestro destino, en vista de que tanto en un sitio como en el otro lo de aparcar el coche iba a ser difícil tarea.

Por fin llegamos a nuestra primera parada, cangas de Onís. Una vez que hemos conseguido aparcar el coche, comenzamos nuestra andadura por el lugar. Tal y como era menester, nos dirigimos hacia el puente romano, dónde en el restaurante que se encuentra a sus pies nos dedicamos a regar el campo con una botella de sidra emulando a los buenos escanciadores. Bueno, algún culín hemos conseguido tomar. De esa forma hemos rememorado nuestra última visita e inmortalizamos a nuestra hija de la misma guisa que sus padres varios años atrás. Ahora qué lo pienso, creo que hemos repetido aquel viaje, pobre hija.

Tras varios entrar-salir en las diferentes tiendas de souvenirs y haber comprado los típicos detallitos para la familia ponemos rumbo a ..... ¿a qué no os lo imagináis?.

 Sí, efectivamente, hacia Covadonga.

Desconocía que no se permitía subir a los lagos en coche propio y que para ello habían habilitado zonas de parking en el que podías dejar el coche y subir a los lagos en autobús. Buena idea, te evitas el "acongoje" de ser tú el que haces la subida. Finalmente no subimos, pero sí fuimos a ver el Santuario. Antes de subir hubo que repetir otro episodio de nuestra anterior visita, tenía que beber mi hija de la famosa fuente que se encuentra a los pies de la gruta, lo cual no me agradaba mucho ya que cuenta la leyenda que si bebes de los siete caños te casarás antes de un año, y como que no me convence la idea ... (bueno, creo que sólo bebió de uno). Esto ya empezaba a ser un auténtico "remake" vacacional.

Tras esta visita no vamos rumbo a un pueblecito que recordábamos con cariño, por lo mucho que nos había gustado, Potes, dónde con un poco de suerte intentaríamos buscar alojamiento para pasar la noche, esa era la idea. Cierto es que llevábamos tienda de campaña y aparecía un camping cada dos por tres, pero consideramos que para una noche no nos compensaba montar todo el tinglado. Tras llegar al pueblo, intentamos de forma infructuosa, localizar, como no, el hostal dónde habíamos pernoctado años ha. Mucho había cambiado el pueblo, pero conservaba la misma belleza que años atrás, solo que más lleno de gente y más grande. Así que tras comprobar que la mayoría de hostales y pensiones del lugar estaban llenas, decidimos probar en las afueras. Por suerte pronto encontramos una habitación en la que podíamos pasar la noche los tres y además quedaba a escasos kilómetros del pueblo.

Pasamos el resto de tarde-noche en el pueblo, con la suerte de que se encontraban con las fiestas patronales. ¡Qué pasada! ¿Os imagináis lo que supongo eran los miembros de la comisión de fiestas en una esquina del palco, sentados a la mesa, tomando licores varios y bailando mientras un hombre toca el órgano y cantando pasodobles y similares? Por no comentar de que lo acompañaba uno tocado un jamón a modo de guitarra. ¡Impresionante! A pesar de todo, hemos preferido ir a cenar una fuente surtida de productos típicos montañeses (recordar que Potes pertenece a Cantabria).

A la mañana siguiente y tras un recorrido de souvenirs por el pueblo, nos fuimos en dirección a Fuente De. Desde este lugar se puede subir en teleférico al alto de los picos de Europa. No se ahora, ya que debido a la niebla preferimos no arriesgarnos a subir y no ver nada, pero de la vez anterior podéis imaginar que las vistas eran impresionantes.

Ya rumbo a casa, decidimos tomar el mismo camino por el que habíamos llegado con el fin de parar en un  pueblo que cruzamos llamado Arenas de Cabrales. Nos llamó la atención por estar a los pies del Naranjo de Bulnes y por su apellido, Cabrales, ¿a qué os recuerda? Efectivamente al queso. Es uno de los pueblos cuna de ese queso y no huele mal (el pueblo). Allí comimos unos platos típicos de la zona acompañada de una sidra y visitamos el pié del Naranjo. Fue simpático por que un grupo de cabras montesas decidieron hacer un posado fotográfico, y sin pedir ni un euro.

Tras esta fugaz visita, tomamos rumbo a casa, no sin antes parar en la playa de las catedrales por si la suerte nos acompañaba y la marea estaba baja. Cosa que no sucedió.

Y bueno por este verano, ya se acabó.

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Historias de las vacaciones (Cap. Chu)

Tras haber pasado tres maravillosos días de turismo, sol, playa, mar, alvariño, tapas (que no son tapas sino raciones), etc, nos toca preparar lo que será nuestro segundo destino: El camping Vegamar, cerca de Castropol (Asturias).

Nuevamente nos enfrentamos a dos retos importante. El primero será el desmontar la tienda y hacer que todos los artilugios que la componen entren en la bolsa en la que estaban. Esto suele ser muy costoso e incluso imposible en algunos casos, pero hay que intentarlo. Con el tiempo y tras varios intentos se consiguió, pero ahora queda lo más difícil: meterlo todo en el coche.

Se cumplió lo previsto, imposible. A pesar de intentar llevar el mismo orden que el día de la marcha, no hemos sido capaces. En esta partida de Tetris ganó la máquina. No quedó más remedio que recurrir al sufrido asiento trasero para meter lo que nos ha sido imposible colocar en el maletero. Mi conclusión final no está nada clara, misma cantidad de bultos, mismo espacio en el maletero, misma colocación pero diferente resultado. Las vacaciones ya afectan.

En fin, algún día lo entenderé. Pero bueno, tras despedirnos de los propietarios del camping partimos rumbo Barres, lugar donde se encuentra el camping. Allí ya no tendremos que montar nuevamente la tienda, pues compartiremos una más grande que llevarán unos amigos, con los que pasaremos unos días recorriendo la zona.

El día había amanecido muy similar a los anteriores, nublado por la mañana con algo de aire pero a partir del mediodía sol y calor. Así que con ropa cómoda y fresca para el viaje tomamos carretera. Nuevamente le dimos un pequeño boto de confianza a "nuestro amigo" el GPS y fuimos siguiendo sus instrucciones pero con desconfianza y cautela.

El camino más rápido era volviendo hacia Coruña y enganchar la autovía, ruta que fuimos haciendo y que poco a poco nos iba acercando a lo que más temíamos: la lluvia. No podía ser de otra forma, a la altura de Santiago comenzó a llover y prácticamente no paró hasta llegar a nuestro destino. Curiosamente, tuvimos que realizar una parada técnica ya entrados en la provincia de Lugo y más que gallegos en nuestra propia tierra, parecíamos guiris. Los parroquianos con chubasquero y paraguas, nosotros de pantalón corto, manga corta y gafas de sol. ¡¡¡Vaya pintas!!!

Aún así llegamos a mediodía al camping, dónde nuestro amigos ya nos estaban esperando para elegir parcela y montar la tienda. Curioso, lo primero que me llamó la atención del camping fue la piscina (no la tenía el otro), lo que apetecería darse un chapuzón si no lloviera.

Al poco tiempo, allí estábamos, casi como los del clásico, "montando bajo la lluvia", pero bueno, siempre con la remota esperanza de que "para mañana no dan agua" según son habían comentado los propietarios. ¡Qué engañados les tenían!. Pero al mal tiempo buena cara y pa´lante.

Una vez terminamos de montar y comimos, nos fuimos dar una vuelta por Figueras, Castropol, Vegadeo, dejando para el día siguiente el recorrido estrella que sería Taramundi y alrededores. Allí sabíamos que era imprescindible visitar el museo de los Molinos de Mazonovo, el pueblo de Esquíos y Teixóis.

El museo de los molinos de Mazonovo, queda a unos 800 metros de Tramundi. En él se pueden observar recreaciones del más antiguo conocido, perteneciente a una civilización persa 7000 años A.C., persas, romanos, africanos, brasileños, chinos, etc. Se puede observar el proceso de transformación de energía hidráulica en eléctrica con la central que abastece de energía al conjunto, todo un mundo en el que el agua es el principal protagonista.

En este punto la carretera se divide y debemos optar por visitar el museo de Esquíos o bien tomar la otra ruta y dirigirnos hacia Os Teixois. Gracias a las informaciones que una compañera de trabajo me había facilitado de esta zona, no dudamos, primero el museo de Esquíos y después a comer.

En este museo encontramos una recopilación de utensilios de la comarca así como diversas colecciones temáticas. En este lugar podemos encontrar un interesante taller de forja donde aún se siguen elaborando las famosas navajas de la zona.

Por último llegamos a Os Teixois, éste es un caserío que queda a unos 4 Km. de la villa de Taramundi y que además de sus casas y construcciones auxiliares, tiene un importante conjunto de ingenios hidráulicos tales como: mazo, molino, rueda de afilar, una pequeña central eléctrica y un batán. Un conjunto que no se debe pasar por alto si se visita esta zona.

Allí también estaba el bar - merendero "El Mazo", me está viniendo a la cabeza esa fabada, los huevos con chorizo, el churrasco, la tabla de ibéricos y de quesos... una pasada. Sería un pecado no  comer allí, lo recomiendo.

 Os dejo el enlace: http://www.osteixois.com/

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Historias de las vacaciones (Cap. Güan)

Por fin llegó el ansiado día, nos vamos de vacaciones. Tras varios meses, o semanas o días de preparaciones, ha llegado el momento de disfrutar de ese tan deseado y supuesto descanso estival.

Atrás quedan meses de trabajo, problemas, tensiones, etc, y ahora, por fin, nos vamos a desquitar de todo ello para entrar en esa maravillosa etapa en la que no te faltará trabajo, problemas, tensiones, eso sí, de otra forma y en diferentes lugares.

Con una inmensa sonrisa y cara de satisfacción nos levantamos ese lunes con el fin de partir hacia nuestro primer destino, el camping El Terrón, en Vilanova de Arousa. Con más o menos todo listo desde la noche anterior nos encontramos con el primero de los retos: meter todo lo empacado en el coche. ¡Cuánto he agradecido el que, hace ya algunos años, me hubieran regalado la Nintendo con el famoso Tetris!, para que luego digan que no hay juegos constructivos. La pericia que desarrollas con ese juego es fundamental a la hora de meter todos bártulos en el maletero de un coche, sobre todo en el momento en el que empiezas a no ver espacio y si más cosas que meter, si se consigue, la satisfacción es brutal, mientras no lo consigues, el cabreo es monumental y por tu cabeza no paran de pasar enormes cantidades de improperios ante todo lo que pasa por tus manos.

Una vez cerrado definitivamente el maletero, con la certeza de que no sería capaz de organizarlo nuevamente de la misma forma, partimos hacia nuestro destino, no sin antes juguetear con el GPS e indicarle a dónde teníamos que llegar.

Afortunadamente el viaje se desarrolló sin ningún tipo de problema y el GPS se comportó correctamente, nos llevó al destino sin prácticamente generarnos dudas de lo que estaba haciendo (ni que ya estuviera).

Tras darnos a conocer y realizar los trámites correspondientes, nos dirigimos a lo que durante unos días sería el solar de nuestra vivienda. Ahí nos encontramos con nuestro segundo reto importante del día: la tienda de campaña. Nuestra experiencia con ella no era excesiva, más bien nula, ya que se había montado (y con ayuda) en una ocasión, de eso hacía ya un año, con el fin de saber qué había dentro de esa bolsa en la que parece entrar la tienda y todo lo demás a la perfección. Tras un estudio detallado de las instrucciones y de cómo tendría que quedar al final, comenzamos con el montaje, cosa que no duró demasiado tiempo (o eso creo), pues habíamos terminado de montarla a una hora prudente para poder ir a comer. Como tontos, quedamos mirando durante un rato nuestra vivienda mientras comentábamos lo bien que quedaba, que bonita, qué grande, etc, etc... Le habían nacido abuelos.

Una vez que habíamos regresado a la realidad, deberíamos planificar el día, cosa que no duró mucho tiempo y sobre todo decidir dónde ir a comer, otra cosa que también se solucionó con rapidez.

Por cierto, sigo sin entender como he podido meter tantas cosas en el maletero. Estaba todo perfectamente encajado, tanto que casi me cuesta más vaciarlo de lo que me costó llenarlo. Impresionante.

Durante nuestra estancia en la zona, hemos visitado lugares como La Isla de Arosa, La Toja, Villagarcía, El Grove, Combarro, Cambados, Sanjenjo, Portonovo, cada uno de ellos con un encanto especial, que los hacen atractivos ante cualquier visitante.

Sin embargo quiero destacar dos de ellos, Cambados y Combarro. El primero por su casco antiguo y su albariño y el segundo, por la conservación de sus casas y sus hórreos a pie de mar, lo que diferencia este lugar de los demás y el que aconsejo visitar.

Ya que acabo de hablar de Combarro, quiero comentar una simpática anécdota que no ocurrió cuando nos dirigíamos hacia allí. Teniendo en cuenta que no conocíamos mucho la zona y para poner a prueba nuestro amigo el GPS, programamos como destino esa localidad y fuimos guiándonos por sus indicaciones. Al principio bien, supongo, hasta que nos indica que debemos tomar una de las salidas de la vía rápida por la que estábamos circulando. Muy educados nosotros, le hacemos caso y seguimos sus indicaciones. Teníamos muy claro que Combarro quedaba pegado al mar, lo que nos hizo desconfiar de la ruta que nos marcaba "nuestro amigo". Tras hacernos salir de la vía rápida, nos empieza a guiar por una serie de carreteras locales hasta que comenzamos la subida a un monte. Según se iba avanzando, la carretera empezaba a mostrarse en mal estado y eso no nos parecía normal, teniendo en cuenta que nos dirigíamos a un lugar turístico. Tampoco había mucho sitio para dar la vuelta, pero la confianza en "nuestro amigo" aún que poca, hizo que continuáramos un poco más. Hasta que llegamos a la conclusión de que por ahí no llegaríamos, se terminó la carretera ( y sin haber llegado a la cima). Pudimos dar la vuelta y he de reconocer que en un acto de buena fe no lo dejé allí tirado. A partir de ese momento, confianzas las justas.

No puedo terminar sin referirme al restaurante que mi amigo Ramón tiene en la isla de Arosa, en el faro, en la zona que denominan Punta Cabalo, donde comimos maravillosamente, además de ser obsequiados con una visita a la isla de la Areosa a bordo de su embarcación, lugar que te resultaba más propio del Caribe que de la costa Gallega, sobre todo por la arena y el color de sus aguas.

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Ver Londres en un fin de semana: Una locura ...

Pues sí, me he convertido en uno de esos valerosos ciudadanos que van a visitar una gran ciudad en un solo fin de semana. Le tocó a Londres, ciudad en la que afortunadamente ya había estado hace algo más de veinte años y que tenía que enseñar a mi familia en más o menos día y medio. Siempre está la opción de subir a los típicos autobuses turísticos y dar una vuelta por la ciudad, o las visitas guiadas, pero yo siempre he preferido pelearme con la ciudad, su gente, su metro,  líneas de autobuses, trenes, etc.

La experiencia de años atrás me sirvió para poder hacer una preselección de los lugares más típicos para visitar e intentar planificar un recorrido que te permitiera volver con una idea de la ciudad, sin ver todo, ya que es imposible en tan poco tiempo.

El vuelo aterrizó en el aeropuerto de Heathrow y allí nos encontramos con el primer reto: ir al hotel. Nos hospedábamos en un hotel que se encontraba en la localidad de Crystal Palace, un tranquilo lugar situado al Sur de la ciudad, que afortunadamente contaba con estación de tren. Había dos opciones, sacar billetes de tren hasta la estación de Paddington para luego trasladarse via metro a la estación de Victoria dónde subiríamos a un nuevo tren que no llevaría a la estación de Crystal Palace. O bien montarse en el metro hasta llegar nuevamente a la estación de Victoria. En lo que a tiempos se refiere, posiblemente la primera opción sea más rápida, pero la segunda es más económica.

  • IMPORTANTE: Tener siempre a mano un plano del metro londinense.

Una vez acomodados en el hotel, decidimos dar una vuelta por el lugar y prepararnos para lo que sería una dura jornada de sábado.

Nuevamente subimos al tren y nos vamos, esta vez, a la estación de London Bridge, ya que nuestra primera visita sería a la Torre de Londres (Tower of London) y al famoso Puente de la Torre (Tower Bridge). Existe un precioso paseo (Queen's walk) por el que se pue llegar al Puente de la Torre paseando al lado del Támesis. Vemos en la otra orilla la Torre de Londres, lugar dónde se exponen el fabuloso tesoro de la corona británica, las insignias de la coronación y una importante colección de armas. Cruzamos el Puente de la torre, un símbolo londinense similar al Big Ben en el que las dos torres que se ven, ocultan un complejo sistema hidráulico que sirve para mover los dos pisos levadizos del puente. Estupenda vista de la ciudad desde la pasarela cubierta de la parte superior.

Ya habíamos empezado el periplo londinense y nuestra siguiente cita era con el nuevo referente de la ciudad, el London Eye, para ello nos metemos en el metro y nos vamos hasta la estación de Waterloo, no sin antes comprar allí el llamado "One day travel card". Esta modalidad de billete te permite viajar durante todo el día en bus y en metro dentro de la ciudad, con un precio aceptable, opción interesante si vas a moverte mucho y a diferentes sitios de la ciudad. El London Eye está considereada como la noria más grande del mundo con 1352 metros de altura. Tiene 32 cápsulas con capacidad para 25 personas cada una y desde el interior es un lugar perfecto para tomar fotos panorámicas de la ciudad. Allí mismo nos encontramos con el Museo de Dalí y el Aquarium de Londres.

Al otro lado del rio, vemos el gran Big Ben, cuyas campanadas son las más famosas del mundo. Accedemos a él cruzando el rio por el puente de Westminster y allí lo tenemos, a sus pies, las casas del Parlamento Houses of Parliament) , corazón de la política inglesa y de una arquitectura asombrosa. A unos pasos, está la Abadía de Westminster (Westminster Abbey), edificio religioso lugar de coronación y sepulcro de los monarcas ingleses y lugar dónde se casaron el Principe Carlos con Diana de Gales, y lugar dónde se celebró el funeral de la princesa.

Como si de una ceremonia monárquica se tratara, comenzamos nuestra andadura por Whitehall, calle que nos llevará a Trafalgar Square, lugar dónde se encuentra la columna de Nelson, no sin antes pasar por delante de Downing Street, lugar de residencia del primer ministro y por los cuarteles de la Guardia a Caballo (Horse Guards), sitio habitual para sacarse la foto con las estátuas vivientes que forman. tanto humano como el animal. En Trafalgar Square tenemos el llamado Arco del Admirantazgo (Admiralty Arch) lugar de acceso al Saint James´s Park y a The Mall, carretera que nos conduce al corazón del poder británico, el Palacio de Buckingham (Buckingham Palace).

Este palacio es la residencia de los soberanos británicos desde 1837, fecha en que se instaló en él la reina Victoria. Aquí se produce la famosa ceremonia del cambio de guardia, en la que nuevos guardias de infantería con el traje oficial y el típico gorro negro de piel de oso, relevan a la viaja guardia al son de la música interpretada por la banda de infantería. Este cambio se calebra habitualmente a las 11:30 de la mañana y su duración es de aproximadamente 45 minutos.Obviamente, el que se ve en la foto no es de los que estamos hablando sino uno de los típicos Bobbies.

A escasos metros del Palacio de Buckingham está la entrada a Hyde Park, el parque londinense más popular y un enorme pulmón verde en el centro de la ciudad. En su interior se encuentra el lago The Serpentine, nombre que adquiere por su forma similar a una serpiente. En este parque se encuentran los Jardines de Kensington y la fuente en memoria de la Princesa Diana.

Pero ahora mismo, nuestro destino está aún más allá. Queremos llegar al mercado callejero de Portobello en la zona londinense de Notting Hill. Una inmensa calle comercial llena de puesto ambulantes en los que se puede encontrar de todo, frutas, pescado, carnes, comidas, antiguedades, artículos militares, de segunda mano ... de todo.

El siguiente paso va a ser un paseo por Brompton Road, allí hay una tienda de Zara y a escasos metros el legendario establecimiento Harrods, una manzana en la que puedes encontrar desde un piano hasta una armadura. A escasos metros tenemos la casa museo de Sherlock Holmes y tiendas repletas de artículos para los grandes fans de Elvis, Beatles y figuras diversas del Rock'n'Roll.

Ya para finalizar nuestro recorrido, no debemos olvidarnos de dos lugares emblemáticos dentro de la vida londinense que no nos deben pasar desapercibidos:

Piccadilly Circus: Se puede decir que es como la Puerta del Sol madrileña, es decir, el lugar preferido por los londinenses para hacer compras, salir de marcha y quedar con amigos. En sus alrededores se encuentra el Soho, los pubs y las discotecas. Son impresionantes los paneles publicitarios, que cubren de luz los edificios e inunda de luz y color esta plaza.

Covent Graden: Plaza en la que puestos de artesanía, cafeterías, restaurantes conviven con espectáculos callejeros de todo tipo, lo convierten en un lugar destacado del folclore londinense.

No hay que olvidarse del museo de cera de Madame Tussaud, el British Museum, Millenium Bridge, Speaker Corner ... y un sin fín de lugares que ofrece esta ciudad cada cual, si no más interesante, por lo menos sorprendente.

 Una amiga inglesa que acababa de conocer en Hide Park, que maja ella....

Imposible resistirse a esto..

Diana Solorzano me ha enviado un interesante enlace al aeropuerto de Heathrow desde la web www.airportdesk.es. Allí se encuentra toda la información sobre transportes, servicios ....

http://www.airportdesk.es/airports/europa/gran-bretana/aeropuerto-londres-heathrow.html