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La Coctelera

Desde mi punto de vista

Por: Alejandro Manteiga Mesías

27 Agosto 2009

Historias de las vacaciones (Cap. Güan)

Por fin llegó el ansiado día, nos vamos de vacaciones. Tras varios meses, o semanas o días de preparaciones, ha llegado el momento de disfrutar de ese tan deseado y supuesto descanso estival.

Atrás quedan meses de trabajo, problemas, tensiones, etc, y ahora, por fin, nos vamos a desquitar de todo ello para entrar en esa maravillosa etapa en la que no te faltará trabajo, problemas, tensiones, eso sí, de otra forma y en diferentes lugares.

Con una inmensa sonrisa y cara de satisfacción nos levantamos ese lunes con el fin de partir hacia nuestro primer destino, el camping El Terrón, en Vilanova de Arousa. Con más o menos todo listo desde la noche anterior nos encontramos con el primero de los retos: meter todo lo empacado en el coche. ¡Cuánto he agradecido el que, hace ya algunos años, me hubieran regalado la Nintendo con el famoso Tetris!, para que luego digan que no hay juegos constructivos. La pericia que desarrollas con ese juego es fundamental a la hora de meter todos bártulos en el maletero de un coche, sobre todo en el momento en el que empiezas a no ver espacio y si más cosas que meter, si se consigue, la satisfacción es brutal, mientras no lo consigues, el cabreo es monumental y por tu cabeza no paran de pasar enormes cantidades de improperios ante todo lo que pasa por tus manos.

Una vez cerrado definitivamente el maletero, con la certeza de que no sería capaz de organizarlo nuevamente de la misma forma, partimos hacia nuestro destino, no sin antes juguetear con el GPS e indicarle a dónde teníamos que llegar.

Afortunadamente el viaje se desarrolló sin ningún tipo de problema y el GPS se comportó correctamente, nos llevó al destino sin prácticamente generarnos dudas de lo que estaba haciendo (ni que ya estuviera).

Tras darnos a conocer y realizar los trámites correspondientes, nos dirigimos a lo que durante unos días sería el solar de nuestra vivienda. Ahí nos encontramos con nuestro segundo reto importante del día: la tienda de campaña. Nuestra experiencia con ella no era excesiva, más bien nula, ya que se había montado (y con ayuda) en una ocasión, de eso hacía ya un año, con el fin de saber qué había dentro de esa bolsa en la que parece entrar la tienda y todo lo demás a la perfección. Tras un estudio detallado de las instrucciones y de cómo tendría que quedar al final, comenzamos con el montaje, cosa que no duró demasiado tiempo (o eso creo), pues habíamos terminado de montarla a una hora prudente para poder ir a comer. Como tontos, quedamos mirando durante un rato nuestra vivienda mientras comentábamos lo bien que quedaba, que bonita, qué grande, etc, etc... Le habían nacido abuelos.

Una vez que habíamos regresado a la realidad, deberíamos planificar el día, cosa que no duró mucho tiempo y sobre todo decidir dónde ir a comer, otra cosa que también se solucionó con rapidez.

Por cierto, sigo sin entender como he podido meter tantas cosas en el maletero. Estaba todo perfectamente encajado, tanto que casi me cuesta más vaciarlo de lo que me costó llenarlo. Impresionante.

Durante nuestra estancia en la zona, hemos visitado lugares como La Isla de Arosa, La Toja, Villagarcía, El Grove, Combarro, Cambados, Sanjenjo, Portonovo, cada uno de ellos con un encanto especial, que los hacen atractivos ante cualquier visitante.

Sin embargo quiero destacar dos de ellos, Cambados y Combarro. El primero por su casco antiguo y su albariño y el segundo, por la conservación de sus casas y sus hórreos a pie de mar, lo que diferencia este lugar de los demás y el que aconsejo visitar.

Ya que acabo de hablar de Combarro, quiero comentar una simpática anécdota que no ocurrió cuando nos dirigíamos hacia allí. Teniendo en cuenta que no conocíamos mucho la zona y para poner a prueba nuestro amigo el GPS, programamos como destino esa localidad y fuimos guiándonos por sus indicaciones. Al principio bien, supongo, hasta que nos indica que debemos tomar una de las salidas de la vía rápida por la que estábamos circulando. Muy educados nosotros, le hacemos caso y seguimos sus indicaciones. Teníamos muy claro que Combarro quedaba pegado al mar, lo que nos hizo desconfiar de la ruta que nos marcaba "nuestro amigo". Tras hacernos salir de la vía rápida, nos empieza a guiar por una serie de carreteras locales hasta que comenzamos la subida a un monte. Según se iba avanzando, la carretera empezaba a mostrarse en mal estado y eso no nos parecía normal, teniendo en cuenta que nos dirigíamos a un lugar turístico. Tampoco había mucho sitio para dar la vuelta, pero la confianza en "nuestro amigo" aún que poca, hizo que continuáramos un poco más. Hasta que llegamos a la conclusión de que por ahí no llegaríamos, se terminó la carretera ( y sin haber llegado a la cima). Pudimos dar la vuelta y he de reconocer que en un acto de buena fe no lo dejé allí tirado. A partir de ese momento, confianzas las justas.

No puedo terminar sin referirme al restaurante que mi amigo Ramón tiene en la isla de Arosa, en el faro, en la zona que denominan Punta Cabalo, donde comimos maravillosamente, además de ser obsequiados con una visita a la isla de la Areosa a bordo de su embarcación, lugar que te resultaba más propio del Caribe que de la costa Gallega, sobre todo por la arena y el color de sus aguas.

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Soy aficionado a la fotografía desde hace muchos años y por fin me he decidido compartir algunas de mis fotos de los lugares que he visitado.

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